¡Salud por el periodista que incomoda al poder!

Salud por el periodista que incomoda al poder, por el periodista irreverente, por el reportero valiente y comprometido. Salud por el periodista que no para de preguntar. Salud por el periodista minucioso, el que corrobora, el que no descansa hasta confirmar el dato preciso. Salud por el periodista que se indigna, que denuncia, que ve en el periodismo una herramienta de lucha contra las injusticias. Salud por el periodista culto, que no se cansa de aprender, que nunca deja de leer, que se quiere comer el mundo. Salud por el periodista incansable, que siempre está detrás de una historia, que no para de escribir. Salud por el periodista ambicioso, el que aspira siempre a contar la mejor historia, y que pelea con sus editores para tener el espacio que esa historia se merece: la portada, con su firma impresa en tinta o en caracteres digitales. Salud por el periodista humano, que sabe que se debe a la gente, porque periodista es gente que le dice a la gente lo que pasa a la gente. Salud por el periodista que se ríe de los poderosos, y aprende de paso a reírse de sí mismo. Salud por el periodista hambriento, que al descubrir una historia la convierte en “su” historia y no la suelta, como los perros nunca sueltan al hueso cuando lo encuentran. Salud por el periodista que se va de copas para celebrar ese pequeño triunfo: la historia publicada después de tantos esfuerzos y obstáculos. Salud por el periodista que rechaza el periodismo aséptico y edulcorante, que tiene alergia de la propaganda y nunca dice que un político o un empresario poderoso es su “amigo”. Salud por el periodista que publica por pasión. Salud por el periodista que no es cínico (porque este oficio no es para los cínicos), y también por el periodista que no esconde una falsa humildad o modestia. Salud por el periodista que no esconde su incapacidad y cobardía tras la patraña de la objetividad. Salud por el periodista honesto. Salud por el periodista que cuida el idioma, porque sabe que este es su “machete”. Salud por el periodista que sabe que en sus manos tiene un arma poderosa (la palabra, la posibilidad de informar) y que la usa para defender lo más preciado que tenemos: la libertad.

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Yo sí soy Charlie

Portada del semanario satírico francés "Charlie Hebdo" tras el ataque fundamentalista sufrido por su redacción.

Portada del semanario satírico francés “Charlie Hebdo” tras el ataque fundamentalista sufrido por su redacción.

Para dejarlo claro de una vez, un mensajito para los políticamente correctos, la gente sin criterio, los miedosos, los que no quieren ‘ofender’ a otros, los temblorosos intelectuales de izquierda y los que se llaman de izquierda, pero sólo usan la palabra porque quieren parecer inteligentes. ¡Yo sí soy Charlie! Es cierto, la frase ha sido utilizada por muchos en estos días porque “está de moda”, aunque muchas de esas personas no entiendan o no se tomen el tiempo para analizar, informarse, leer, discutir y cuestionar sus propios prejuicios. Tampoco es que ser Charlie nos dé algún tipo de superioridad moral, como escribió Mario Jursich Durán en El Malpensante. Pero para mí esa frase, después de una masacre contra lo más sagrado que hay, que es la liberta, es una declaración de principios. Porque ser Charlie en estos días es defender la libertad. LIBERTAD. Una palabra hermosa que traducida al buen español significa que usted puede opinar, puede manifestarse, puede dibujar, puede escribir, puede viajar, puede cantar, puede reír, puede acostarse con gente de su mismo sexo, puede abortar, puede blasfemar, puede votar si quiere, o no hacerlo, puede morir dignamente, puede hacer una revolución si a sí lo quiere, puede fumar las hierbas que quiera, puede bailar, puede burlarse de lo que crea burlesco, puede opinar sobre los políticos, los religiosos, el gran capital, puede echarse carcajadas alucinantes por las idioteces que esos políticos, religiosos o lo que los señoritos del gran capital dicen, puede bostezar en misa, o puede decidir no ir a misa, puede poner los santos que quiera de cabeza, puede cuestionar la Biblia, el Corán o cualquier texto religioso sin que por eso le den una bofetada. Usted es libre y PUEDE. Puede es una buena palabra. Defender ese puede es ser Charlie. Y ser Charlie, para mí, también es estar contra la opresión, contra el maltrato, contra la persecución, contra la injusticia, contra la violación de todos mis derechos, contra la barbarie, contra los ‘Boko Haram‘, contra el fundamentalismo religioso, contra el machismo, contra el genocidio, contra los que creen que tirando balas resuelven todo, contra los Castro, contra los Somoza, contra los Pinochet, contra los Trujillo, contra los Franco, contra los Videla, contra los Ríos Montt, contra la nueva ola de caudillos latinoamericanos trasnochados, contra el fascismo y los fascistas de nuestros días. Y reírse de todos ellos. Y enseñarles el dedo del centro de la mano derecha si queremos. CONTRA también es una buena palabra. Usted tiene la liberta de hacer lo que quiera, puede hacerlo, y tiene la obligación de defender ese derecho. Lo único sagrado en este mundo es la libertad. Y la gente de Charlie Hebdo lo comprendía. Y por defender ese derecho fueron masacrados.