“Saudade”

"El grito", de Edvard Munch.

“El grito”, de Edvard Munch.

En portugués hay esta hermosa palabra, “saudade”, de difícil definición, pero que es usada para dar nombre a esas sensaciones que causan la nostalgia, la melancolía. Su sonido es lírico, tiene algo de bohemio también, es perfecta para describir ese vacío que invade el pecho de vez en cuando, y que lo produce la falta de un amor, la partida de un familiar, el dolor por lo perdido o el miedo a la soledad. Hoy la pido prestada.

Tarde de domingo. La nostalgia es como tener encima del pecho una docena de pesados ladrillos y alguien encima presionando, presionando hasta intentar ahogarte. Duele. Tu cabeza es un campo de batalla donde los pensamientos te martillean. Estás inmóvil en la cama, angustiado y ansioso. En tu interior se desarrolla una guerra con tus fantasmas. Y te preguntas qué es. ¿Miedo a la soledad? ¿Por qué esta tristeza? Comienza al abrir los ojos. Es peor que un dolor de cabeza, que un mal físico, que una resaca histórica. Inmediatamente que te despertás sentís que ese vacío se apodera de vos. Extrañas algo. Pensás en lo que se fue. Te sentís solo. Tenés miedo a la vida, a salir, porque te sentís perdido. En la medida que el día va pasando esos fantasmas van nublando tu cabeza y la rutina diaria –el café, el diario, preparar la comida del perro, leer– se convierten en pesadas tareas difíciles de cumplir. Te ahogas. Y frente a las voces que atormentan tu cabeza, está el vacío, la nostalgia y la melancolía. Esas ganas de gritar para escapar. Dentro hay un oscuro horrible, un peso demasiado fuerte que te hunde. Tu cabeza no para con el flujo de ideas que la arañan, que te llevan a un abismo del que estas a punto de tirarte, aunque no sabés qué pasará al caer. Pensás en la idea de desaparecer. De acostarte y meterte entre las sábana y ponerte en posición fetal y que a tu lado la vida pase y no te haga sufrir. ¿Sos feliz? No lo sabés. Crees que no, aunque tengás motivos para serlo. Pero culpas a la vida por una felicidad que está en tu cabeza y no consigues asir.

Los anglo parlantes traducen la palabra “saudade” como “a feeling of longing, melancholy, or nostalgia that is supposedly characteristic of the Portuguese or Brazilian temperament”. La he escuchado en muchísimas canciones. La mayoría hacen referencia a un sentimiento de pérdida por el amor que se fue. A mí me gusta muchísimo esta palabra. No soy un filólogo, aunque el sentido de las palabras me interesa mucho. Pero la palabra, su imposibilidad de definición, me parece perfecta para nombrar esta nube que me abraza de vez en cuando, que se presenta en mi vida con una potencia de trueno, inesperada como un terremoto, avasalladora como un régimen militar. Han tratado de ponerle un nombre: “Síndrome ansioso depresivo”, pero eso no funciona, mi cabeza no lo entiende. Es nostalgia, es vacío, es angustia, es melancolía, es miedo, es dolor, es tristeza. No es algo que se pueda definir en el frío sofá de una aséptica clínica, ni con términos médicos. Y a falta de una definición para englobar el tropel de sentimientos, de sensaciones, que me atropellan con fuerza de invasores de vez en cuando, cometo el error de pedir prestada la palabra perfecta, esa que a falta de una traducción exacta, y gracias a su belleza y su lirismo, pronuncio cada mañana de domingo cuando los fantasmas me levantan. “Saudade”.

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